EL RESCATE DEL OLVIDO

Obras de arte enterradas, olvidadas o por descubrir. Desvanes, sótanos o monasterios arrinconan del ojo humano secretos mal catalogados o simplemente despreciados por ignorancia de sus dueños ¿Cuántas obras por descubrir? El descubridor que las descubra, luz y entendimiento arrojará sobre los demás. 

La búsqueda de tesoros fruto de leyendas, mitología, datos históricos (a veces más o menos fiables) o una simple conversación de taberna, es un oficio ambicioso en todos sus sentidos, requiere de recursos humanos, económicos y olfato que pueden llevar a un final exitoso, azaroso o al mismo fracaso.  

Carlos III (1716-1788), rey del Imperio Español, rey de las “Dos Sicilias”, entre sus numerosos cargos, ordenó las excavaciones del desastre provocado por la erupción del Vesubio en el año 79, Nápoles. Desenterró gran parte de Pompeya, donde a día de hoy se sigue excavando.  

Pero también fue caudillo de otras excavaciones, como las poblaciones de Heculano y Oplontis, regalo de Nerón a su segunda esposa e inmortalizadas por Claudio Montevérdi en su magnifica opera “La coronación di Popéa”.  

Estas poblaciones estaban de sobra documentadas en antiguos escritos y en relatos orales tradicionales como parte de la historia, se sabia donde buscarlas, pero se necesitaba ganas de conocimiento, poder y por supuesto dinero.  

Recompensa para buscadores, la historia, y nuestro entendimiento. 

El destino, caprichoso y azaroso, otorgó a Carlos III el descubrimiento de tres templos griegos en la ciudad de Pestum en condiciones excelentes cuando ordenó la construcción de una vía hacia el sur. Actualmente una orgía visual arquitectónica para los amantes de la historia y el arte. 

El rescate del olvido, a veces fortuito, a veces azaroso, pero ¿sabe el hombre cómo suena un árbol en caída si nadie lo escucha? ¿Cuántos descubrimientos azarosos se han desestimado si nadie los ha escuchado? 

Artículo redactado en colaboración con Pilar. L