LA ARMONIA SINCRONIZADA: EL INSTINTO INDIVIDUAL EN LAS ANTIGÜEDADES

Según Pitágoras, el movimiento circular de los planetas produce un sonido proporcional a su distancia con el sol. La moderna física teórica asume que las partículas subatómicas aparentemente puntuales, son en realidad estados vibracionales. Los sonidos son vibraciones.

Toda la materia en el universo vibra a ciertas frecuencias, encontramos vibraciones sincronizadas o en resonancia que como imanes se atraen o se separan.

En el mundo de las antigüedades, puede haber un objeto o muchas piezas de toda una época, estilo concreto o hasta de siglos enteros que pueden fascinarnos, incitarnos a conocer más de su historia, rociarnos con el deseo de posesión… o por el contrario, repelernos, generación de pereza o simplemente no decirnos nada. La belleza, importancia histórica, popularidad, reconocimiento mundial o local… quedan relegados a una simple indiferencia personal.

En cada época con su estilo y en cada estilo con su época encontramos maravillas que coloquialmente nos pueden dar buenas o malas vibraciones. Pasa igual con los espacios, casas, locales o paisajes, es inevitable e inmediato percibir conexión con las cosas para bien o para mal. Porque aunque todos los hándicaps establecidos de extraordinarios, o al contrario, todas las tendencias de lo correcto estén implantadas, la realidad te puede atrapar solo a ti, de nuevo, para bien o para mal. Con las personas pasa igual, la sincronización se consigue solo cuando hay armonía en sintonía con uno mismo.

Por eso es importante cuando adquirimos una pieza de arte, aparte de todas las cualidades que tengan y su precio, escuchar el instinto individual, para poder discernir en las modas de turno pasajeras y sentir la armonía sincronizada de las cosas.