El arte del saber

Sócrates fue el autor de la frase “Solo sé que no se nada”, el primero en darse cuenta de qué cuánto más se aprende más se comprende la carencia personal acerca del basto conocimiento universal. La afición por las antigüedades, si se ahonda en ella, te abre un mundo al conocimiento infinito, ya que tirando del hilo, se aprende historia y todo lo que conlleva de la evolución del hombre a través de los siglos y de los momentos de cambios de paradigmas de la cultura universal. El mundo de los amantes de las antigüedades está lleno de posibilidades para sus expertos, los coleccionistas, los marchantes o los aficionados y tiene tantas categorías para elegir, como materiales y objetos transformados o creados por la mano del hombre.


Los frescos, los retablos y la pintura han sido las formas de expresión más utilizadas en otros tiempos para educar, ensalzar o denunciar en determinados momentos históricos, además de un placer visual de quien lo aprecie.  Pintores renacentistas como Tiziano, o barrocos como Velázquez o Rubens, supieron reinterpretar la historia, imitando la cultura grecorromana y siguiendo textos literarios como “Las metamorfosis” del poeta Ovidio, aunque sólo para el disfrute de unos pocos escogidos, mas que nada por el uso artístico de los desnudos, prohibidos por la moral para todos menos para los mecenas, reyes, aristócratas y alta burguesía.
En esa época el arte religioso de un giro, volviéndose casi humano. Por primera vez, se da valor al disfrute de la belleza sin sentido de culpa. El querer saber y aprender siempre algo nuevo es señal de que se está vivo.